veganismoEl veganismo es una decisión que se toma hoy, y que durará toda una vida.

El veganismo es saber lo que ocurre entre las sombras y los muros de las granjas y mataderos, y decidir que no queremos ser partícipes de ello.

El veganismo es querer respetar a todos los animales que compartimos este planeta, porque sabemos que ellos están aquí por sus propios motivos. Sabemos que el resto de animales tienen sus deseos, sus miedos, sus satisfacciones y sus penas, y aunque quizá no lo sientan como nosotros, lo hacen a su manera.

El veganismo es decidir que desde hoy, jamás voy a permitir que mi dinero pague la explotación de los animales, ni su muerte.

El veganismo es saber que todos los animales somos alguien, no algo.

Es muy sencillo vivir siendo alguien vegano. Lo único que hay que hacer es ser consciente de que queremos evitar el sufrimiento a todos los animales, y por ello cada vez que nos veamos el momento de tomar una decisión, siempre lo hagamos teniendo en cuenta este principio.

A la hora de comprar y consumir comida, rechazaremos alimentos que contengan ingredientes de origen animal, porque ello habrá significado sufrimiento y muerte.

A la hora de comprar  ropa o vestir, nunca escogeremos prendas que contengan materiales de origen animal, porque ello habrá significado sufrimiento y muerte.

A la hora de comprar productos de limpieza e higiene, nunca pagaremos por los productos que contengan ingredientes de origen animal, o que hayan sido testados en animales, porque ello habrá significado sufrimiento, tortura y muerte.

A la hora de asistir a espectáculos de ocio, nunca pagaremos por aquellos espectáculos que incluyan animales, porque ello habrá significado esclavitud, sufrimiento, maltrato y en muchos casos muerte.

Como sabemos que los animales quieren disfrutar de sus propias vidas, igual que nosotros disfrutamos de la nuestra, intentaremos no contribuir ni ser participe en cualquier cosa que signifique la explotación de cualquier animal, sea del tipo que sea.

La explotación animal es lo que hace que a un animal lo veamos como algo, no como alguien, y que por ello pase a ser un mero producto. Un ingrediente, una materia prima, de la que tan sólo se obtiene beneficio. Pero los animales sentimos, tenemos un cerebro que nos envía estímulos, y por ellos pasamos miedo y nos reímos, lloramos y soñamos.

Renunciar a la explotación animal es tan sencillo como dejar de contribuir. Cuando un humano se hace vegano, la explotación animal se resiente. Cuantos más veganos seamos, más sencillo será que la sociedad entera cambie el rumbo y empiece a actuar de manera justa. Será el momento en que los animales no-humanos recuperen la libertad que les fue arrebatada en el mismo momento en que alguien pensó que estaban en el mundo para nosotros.

El veganismo es una simple decisión personal, algo tan sencillo como decir “sí, desde hoy soy vegano”, y mantenerlo día tras día.

Esa decisión personal constituye el único cambio que los animales explotados necesitan. Y esto es que los liberemos, que abramos sus jaulas y les dejemos marchar… Que aceptemos que este mundo es tan nuestro como suyo.

Abre las jaulas y permite que corran, que vuelen y naden, pues el mundo ha sido un infierno para ellos, y es el momento en que conozcan el cielo. Es el momento de devolverles lo que es suyo. Suyo y de nadie más. Es el momento de devolverles su vida. Que la vivan libremente, como ellos deseen.

El veganismo es libertad y vida. Vive tu vida y permite que otros hagan lo mismo.